Por suerte ya había llamado a mi mamá y
estaba toda lista para emprender todo este viaje, aunque sería un poco cansado,
pero ahora estaba confundida por Christian, cuando vi a Justin por última vez
parecía tener todo tan claro, pero ¿ahora? Está todo completamente diferente,
estoy muy confundida, no sé que hacer. No sé que sería mejor que hacer, ¿quién
sabe todo lo que podría suceder en un mes? ¡Un mes son 30 días! No es poco
tiempo, podrían suceder un montón de cosas y aunque no quería hacerlo, también
me di cuenta que sería el tiempo perfecto para olvidar: olvidar todos estos
problemas inútiles, olvidar absolutamente todo, como si jamás hubiera pasado.
Olvidar todo lo que me lastimaba y me confundía, olvidar cada cosa negativa y
empezar desde cero cuando regresaría, duela a quién le duela, pues siendo
sincera no terminé muy bien aquí. No quería olvidar a Justin, tampoco a
Christian, pero las cosas son diferentes de como pensé que serían y realmente
me encontraba confundida.
¿Sería un mes perfecto para olvidar? No
lo sabía, pero prefería dejar todo en manos del destino, pero sobretodo
¡DISFRUTAR!
Lo último que recuerdo es que cerré los
ojos. Después de eso, me levantaron las aeromozas para comer algo y de ahí
volví a dormir. Todo el viaje me la pasé durmiendo, no estuve despierta ni un
segundo, seguramente sería la tensión o más bien la emoción.
Dijeron las típicas palabras cuando el
avión aterrizaba. Dijeron como estaba el clima y qué hora era, aunque yo ya sabía
eso, y bueno acá era verano, así que me quité la casaca que tenía encima.
Normalmente, hubiera esperado en que todo el mundo pasara y ser la última, pero
esta vez era todo diferente, así que agarré mis cosas y básicamente me fui
corriendo para que fuera una de las primeras personas en bajar.
Minutos después…
Ya tenía mis maletas y ahora estaba
yendo a que mis abuelos me reciban. No los veía hace mucho y realmente estaba
demasiado emocionada.
Buscaba por todos los lugares posibles
sus rostros o algo parecido, pero realmente había muchas personas, hasta que
por fin encontré a dos personas, un hombre y una mujer, el primero sería el más
alto y ella estaba con los brazos levantados y un cartel diciendo mi nombre y
buscándome.
Las lágrimas en ese momento vinieron
sin pensarlos dos veces, la emoción era algo que predominaba en estos momentos
y fui corriendo hacia ellos y apenas los tuve enfrente les di un abrazo, esos
de “te extrañé tanto”. No podía dejar de llorar, era algo que realmente había
esperado con anhelo cada día que pasaba en Atlanta. Aunque suene tonto, volví a
sentir felicidad dentro de mí y “vida”, aunque suene un poco estúpido.
—¡Los
extrañé tanto! —exclamé entre lágrimas, ahora soltándolos para saludarlos uno
por uno.
—Nosotros también —dijeron los dos en
coro sonriendo al verme.
—_________(tu nombre), ¿cómo has
estado? —me preguntó mi abuelo sonriendo, mientras me abrazaba y yo le daba un
beso en la mejilla en forma de saludo.
—¡Bieen! —sonreí—, pero ahora mejor que
los veo.
—¡Precioosa! —exclamó mi abuela entre
lágrimas abrazándome—, ¿cómo has estado? ¡Estás preciosa!
—Bien, pero no llores, ¿sí? —me alejé
para secarle las lágrimas—, los he extrañado demasiado a los dos. ¡Me han hecho
muchísima falta!
Mientras seguíamos conversando yo iba
empujando mis maletas hacia donde ellos caminaban para llegar al carro.
—¿Y ustedes cómo han estado?
—pregunté—, ¿todo bien?
—Bien —contestó mi abuelo—, todo bien
por suerte y tranquilos que es lo bueno.
—Sí —sonreí.
Estuvimos hablando de varias cosas
hasta que llegamos al carro y mi abuelo se puso a manejar hacia la casa. Sería
un viaje un poco largo, ya que de donde estábamos teníamos que viajar un
promedio de hora y media para llegar adonde vivíamos.
—¿Y cómo estuvo tu viaje? —me preguntó mi abuela.
—Bien, aunque me pasé todo el rato
durmiendo y sólo me despertaron para comer.
—¿Y no has comido nada hasta entonces?
—cuestionó ella preocupada.
—No, pero tampoco tengo hambre
—respondí sabiendo adonde iría todo esto.
—Bueno, si tienes hambre me avisas
porque te traje tus galletas favoritas —me dijo ella sonriendo—, aunque
llegaremos a la casa a la hora del almuerzo.
—¡Y ese almuueerzo que te espera!
—continúo mi abuelo.
—Sí —sonreí.
Después de eso no recuerdo más. Me
quedé completamente dormida, estaba exhausta, supongo que porque me quedé hasta
tarde la noche anterior y no pude descansar bien.
—Te adoro —me dijo—, eres
preciosa.
Estar con él mientras nos
mojábamos en aquella hermosa playa, cuando sentía que este momento sería
eterno, pues siempre lo tendría guardado, en mis recuerdos. Esa sensación de no
querer que nunca acabe, hacía el momento más perfecto.
—¿Y yo no? —le pregunté sonriendo—,
eres lo mejor que me ha pasado en la vida, ¿sabes?
—Tú también mi amor —hizo una pequeña
pausa—, no quiero hacer de esto un momento de
tu vida, sino algo que dure siempre, que no tengas que estar sola en tu
habitación recordando algo porque estarás viviendo nuevas cosas conmigo.
No me gustaba llorar en frente de las
personas mucho menos de él, pero no entiendo porque las lágrimas comenzaron a
recorrer mi rostro.
—No llores preciosa.
No dije nada, pero él se acercó a mí
me abrazó, me sentía mejor así.
—Pero ¿por qué dices eso? —le
reclamé—, tú sabes que no es así, lo sabes a la perfección. Sabes que jamás
será así.
—No mi vida, va a ser así si los dos
lo deseamos —me aseguró.
—Después de eso no… —las lágrimas
salían descontroladamente.
—Pero discúlpame, no fue mi
intención… ya hablamos de esto, ¿no era que lo ibas a olvidar?
—¿Cómo olvidar algo que me ha hecho y
me sigue haciendo tanto daño? —le pregunté con la cara entre las manos sin
ganas de querer mirarlo o si quiera saber algo de él.
Todos esos momentos hermosos que
estaba pasando con él ahora mismo se convertían en deseos de desaparecer de ahí
y estar lejos sin tener que volverlo nunca más.
—Pero te amo, ¿acaso no es lo que
importa? —me dijo él en un intento de desesperación para que yo me calmara.
—No, no importa.
—Pero todos cometemos errores.
—Nunca como esos —le dije.
—¿Y acaso tú nunca hiciste algo así?
—cuestionó él.
—¿Hacer qué? —pregunté molesta—, no
soy tan estúpida, yo sí te quiero de verdad. Jamás haría algo para destrozarte
de esa manera la vida.
—No te la destrocé, no exageres
_________(tu nombre) —me dijo.
—Claro, probablemente mi vida entera
no, pero si todo lo que llegué a sentir por ti: parte de mi vida, por eso
llegaste a ser —dije molesta.
—¿Y entonces dime qué rayos hago? —alzó un poco la voz porque estaba molesto.
—No sé, todo está mal.
—Pero estábamos tan bien.
—¿Cómo diablos quiere que este bien
si todo es así? Si eso jamás va a salir de mi mente, si siempre va a permanecer
ahí pase lo que pase. ¡Es estúpido!
—Eso fue hace mucho tiempo, ¡ya pasó!
—exclamó él.
Y fue justo en ese preciso momento
cuando todos los malos recuerdos de ese día vinieron a mi cabeza…
Abrí los ojos apenas pude, sólo para
saber donde estábamos. Ya estábamos entrando a donde vivíamos, pero
extrañamente sentía un dolor en el pecho, tal vez era por el sueño, pero era
algo que me fastidiaba, pero decidí ignorarlo.
Cerré los ojos nuevamente… el sueño
que había tenido era raro, no recuerdo mucho el rostro del chico, pero era una
voz que me sonaba familiar, sin embargo, no puedo reconocer quién era
realmente, aunque era un simple sueño, pero justo me levanté cuando iba a saber
que era eso que pasó hace “mucho tiempo”, pero decidí no prestarle atención y
mucho menos ahora que estaba acá. Finalmente, era un sueño tonto.
—¡Ya estamos llegando! —escuché a mi
abuela decir.
Me paré, sobándome los ojos y observé
el paisaje. Me enamoré, era precioso, hace unos cuantos meses que no venía acá,
pero todo estaba exactamente igual, parecía que el tiempo hubiera pasado en
vano porque sentí que jamás me había ido, que siempre estuve acá.
A esta hora probablemente estarían
regresando del colegio para almorzar o algo parecido, pues aún era Noviembre y
la mayoría salía de clases en Diciembre, pero justo por estos días venían unos
cuántos feriados, así que no importaba porque igual pasaría tiempo con mis
amigos.
—Todo está exactamente igual… —dije sin
salir de mi sorpresa.
—Sí, las cosas no han cambiado mucho —me
respondió ella.
—¡Qué bien se siente estar acá
nuevamente! —exclamé sonriendo.
Estaba viendo las casas cuidadosamente,
hasta llegar a la de mis abuelos, la cual adoraba, era sencillamente perfecta,
era la casa más hermosa que había visto. Sencillamente, ahí estaba mi vida, los
mejores recuerdos mayormente son de ahí.
Llegamos a la casa y mi abuelo
estacionó el auto. Yo apenas pude salir, respiré profundamente y era
sencillamente “Hogar”, mi hogar. Saqué mis maletas lo más rápido que pude,
porque no quería perderme ni un segundo de todo esto.
Una vez que entré a la casa todo era
mejor, volví a sentir que jamás me fui, que siempre me quedé ahí, un montón de
cosas vinieron a mi cabeza y en especial ese delicioso olor del almuerzo, pero
en ese momento me acordé que tenía que llamar a mi mamá. No quería llamar a
Justin ni nadie, probablemente me vendrían varios recuerdos que definitivamente
no quería traer a mi cabeza en ese preciso momento.
—¿Mamá?
—¡________(tu nombre)! —exclamó alegremente ella—, ¿cómo
estás? ¿qué tal estuvo tu viaje? ¿Llegaste bien?
—Sí, todo bien —contesté—, acabo de llegar a _______(tu
ciudad), perdón por no llamarte cuando llegué al aeropuerto, es que estaba
demasiado emocionada y cuando entré al carro me quedé dormida y básicamente
acabo de despertar.
—No te preocupes, hija —me dijo ella— ¿y cómo están
_________(tus abuelos)?
—Bien, están bien. ¿Quieres hablar con ellos?
—¿Pero no están ocupados? —me preguntó ella.
—No, justo acaban de entrar a la casa. ¿Te paso con ellos?
—Está bien —la escuché un poco nerviosa.
Me puse el celular cerca del pecho.
—________(tu abuela), es mi mamá —le
dije—, quiere conversar contigo, bueno con ustedes —dije ya que estaba presente
mi abuelo.
—A ver… —dijo ella un poco sorprendida—,
pero ¿y tu saldo?
—Es ilimitado si hablo con mi mamá, así
que no importa.
—Esta bien —dijo ella más tranquila.
Le pasé el celular para que se pongan a
conversar.
La verdad es que mis abuelos y mi mamá
habían estado un poco distanciados por toda esta situación desde que se casó y
se fue a vivir a Atlanta, ya que ellos para empezar jamás estuvieron de acuerdo
con que mi mamá y Rafael fueran pareja, pero creo que más que todo fue por mí y
no tanto por él, pero lo que sí les chocó fue cuando mi mamá se fue a vivir a
Atlanta sabiendo por todo lo que yo estaba pasando: la muerte de mi papá. Desde
ahí, la distancia se volvió verdadera entre ellos, estuvieron molestos, pero a
mí no me agradaba esa situación porque los adoraba y no quería que se separaran
totalmente de nosotras, y digo nosotras porque también implicaba a mi mamá.
¿Qué más quedaba? Si finalmente éramos una familia y sería torpe separarnos
más.
—¿Y cómo está tu mamá? —me preguntó mi
abuelo, aunque con seriedad y sin mirarme a los ojos.
—Está bien.
—¿Y tú cómo estás con ella?
—Finalmente arreglamos toda la
situación, ya todo está bien, aparte, ¿qué más me queda? No puedo estar peleada
con ella por unos meses más, finalmente, es la única persona que me quedaba en
Atlanta, ya que ustedes están acá. Finalmente, es mi mamá, ¿no? La amo, así se
haya equivocado.
Me sorprendí a mí misma al ver que esas
palabras estaban saliendo de mi boca, sonaba más madura y no la misma chiquita
inmadura de siempre, pero sabía que era la verdad y cualquiera podría saberlo.
—Eso está bien, no tienen que estar
peleadas. Es mejor así, y como tú dices finalmente es tu mamá y ella mataría
por ti.
—Sí, lo sé…
Hubo un silencio incómodo, lo cuál me
pareció raro porque mi abuelo era de esas personas que hablaban hasta por las
orejas, siempre tenían un tema de conversación aunque sea para sacarte una
sonrisa, pero ahora diferente. Sé que si le decía lo del embarazo probablemente
se enoje demasiado, aunque sé que no sería por mi mamá, sé que sería por mí,
porque yo sabía que una de las cosas que más odiaban mis abuelos era que fuera
infeliz, y que ellos darían todo lo posible por verme feliz.